“Controlar el móvil es menos invasivo que un bofetón pero también es una agresión”

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Gabriel García Pastor, psicólogo responsable del programa de intervención para agresores.
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¿Cómo reeducar a condenados por violencia de género? Este es el reto al que se enfrentan en la delegación municipal de Asuntos Sociales con el Programa de intervención para agresores de violencia de género en medidas alternativas (PRIAMA), una medida alternativa a las penas en beneficio de la comunidad. Este programa, en el que participan quince personas con condena firme, está siendo desarrollado por Asuntos Sociales a través de un convenio con Instituciones Penitenciarias y el Centro de Inserción Social Manuel Montesinos, adscrito a la prisión de Botafuegos, en Algeciras, donde se ha venido realizando hasta ahora.

Trabajar la autoestima, derribar pensamientos machistas y combatir la normalización de la violenciason las principales tareas en este programa de intervención. “Aunque pueda parecer lo contrario, los condenados por violencia de género tienen la autoestima por los suelos”, explica a este medio el técnico responsable del programa, el psicólogo Gabriel García Pastor. Practicar la escucha activa y el saber relacionarse con los demás de forma adecuada son otras claves fundamentales de trabajo.

Para García Pastor, todas estas nuevas competencias sociales deben basarse, siempre, en la educación emocional. “Esto es algo fundamental y que hemos descuidado en Occidente. El trabajo con las emociones es clave en cualquier ámbito; todavía más en este tipo de casos en los que abordamos asuntos como los celos y el sentido de la propiedad”.

Quince condenados por violencia de género participan en este programa. Cada uno con una casuística distinta, con una mochila emocional particular. Es por lo que el perfil de estas personas implica a todos los estamentos sociales y prácticamente a todas las edades; desde los 18 a los 60 años. 60 a los 18 años. “Esta heterogeneidad enriquece al grupo, pero también hace que el trabajo sea mucho más complejo”. Los delitos, tan variados como estos perfiles. Desde el maltrato físico continuado, al psicológico, al acoso y las amenazas al primer bofetón.

Las sesiones de trabajo comenzaron el pasado mes de enero y se repetirán dos horas a la semana durante 10 meses, con dinámicas grupales e individuales, con intervenciones terapéuticas y ejercicios de meditación, entre otros. El programa arrancó con una sesión grupal para presentar las normas del juego y continuó con una serie de entrevistas individuales para establecer una meta y el camino hacia ella. “En estos momentos trabajamos en conseguir esa motivación para el cambio. Les tratamos de contagiar de esa esperanza de cambio, de la gran oportunidad que tienen con este programa de formarse como mejores personas”.

García Pastor, que en 2018 recibió la medalla al mérito social penitenciario que concede el Ministerio del Interior, se muestra optimista acerca de este programa de intervención que de forma pionera se ha traído el Ayuntamiento a dependencias municipales. “Creo en este programa, en que los participantes no reincidan y cambien de dirección. Es un programa largo pero poco intrusivo. No se trata de machacar. Ellos respondieron mal, actuaron mal, y ahora tienen la oportunidad de cambiar”.

Los nuevos agresores

La violencia de género no sólo es un problema entre adultos. “Solemos pensar que esto es algo de mayores, de gente antigua, pero no es así. Ahora hay un repunte entre los más jóvenes”, asegura García Pastor.

La dependencia del móvil, Internet y las redes sociales son, en parte, los principales potenciadores de esta lacra entre los más jóvenes. “Controlar el móvil de la pareja es menos invasivo que un bofetón pero también es una agresión. Y esto es algo que parece muy normalizado entre los más jóvenes”.

Ante esta problemática, para expertos como García Pastor, sólo existe una solución: la educación. “Hay que trabajar la educación emocional desde muy pequeños. Educar a niños que empaticen, que estén sanos emocionalmente. Trabajando esto estamos desechando futuros agresores y también futuras víctimas. Entre los padres y las administraciones públicas hay que cambiar el modelo”. 

Un modelo, el actual, que respecto a la violencia de género no funciona. Desde 2003 a la actualidad, el Gobierno cifra en 1.047 víctimas mortales por violencia de género.